Estaba un tanto oscuro, y no podía entrar la llave en la cerradura, en tanto tú me tomabas por la cintura, besabas mi cuello, y acariciabas mi pelo. Me dijiste , quedate aquí, conmigo, no puede resistirme a tal invitación, es que , tu voz, tu boca , tus manos... Tú me tientas.
Así fue como me acosté contigo. Me dijiste que jugara con tu pelo, pues te dormirías pronto, te creí y lo hice. Te pusiste de pie me dijiste, qué tal si fumamos? Acepté. Sabía lo que seguía después de eso. La hierba sabía mejor si venía de ti. Entre confesiones me dijiste que te gustan mis labios, que mis caderas te deleitaban, que mis pechos eran un refugio. Sentí la necesidad de abrazarte y saber que si bien no tengo deseos de estar contigo mañana, hoy te quiero para mi. Besaste entonces mis mejillas como nunca nadie lo hizo, sentir tu barba sobre mi piel me erizaba por completo, tu boca tocó mi cuello, mientras mis pequeñas manos jugeteaban por tu espalda.