domingo, 24 de mayo de 2009

Dos


Los amigos del barrio pueden desaparecer,
Los cantores de radio pueden desaparecer…
La persona que amas puede desaparecer”
Charly García

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Se baja de de su cama con menos ánimo que el día anterior, las sabanas han dejado huellas en su rostro, sus piernas y brazos. Toma casi por inercia sus pantinas, se dirige al baño aún dormido, parece que Morfeo no quiere dejarlo ir.
Mientras gira la llave de la ducha recuerda esbozos del extraño sueño del que acaba de despertar, se cuestiona si las situaciones vividas ahí podrían hacerse realidad. Entra a la ducha y se da cuenta que las experiencias que comparte con Morfeo no son más eso.
Zapatos lustrados, gel en dirección izquierda a derecha, toma su bolso junto con la carpeta que lo hizo trasnochar, sale en rumbo al trabajo. “Buenos días” dice cuando sube a la micro, camina a la mitad y toma asiento. Mira por la ventana y el panorama es cada metro más deprimente.
Toca el timbre pasado la iglesia. Camina por la vereda sucia, mal oliente que el conduce a su trabajo. Abre la reja oxidada y maltratada donde los años no han pasado en vano. La cierra y mira a través de ella con un dejo de resignación. Dobla a su izquierda toma el libro, saca su lápiz y pregunta “¿qué fecha es hoy?”. Mientras camina al patio desea de modo casi incontenible correr, ir lejos de aquel lugar que lo apresa. Es hora de pasar a sus salas. El timbre suena como la peor versión de “Rock and roll”Lep Zeppeling”. Ahora solo debe cumplir con que se ha comprometido. Pasa la lista y solo ve seres que deambulan de un lugar a otro y hablan en una lengua muerta. Algunos son bilingües y pueden comunicarse con Santiago. Éstos hacen preguntas y cuestionan las verdades que él proclama. 
En el recreo va por su típico café, en el trayecto se encuentra con uno de esos seres que habla en un idioma de otra época, asiste con la cabeza todo sonido que salga de esos rosados labios, presta mayor atención al cabello de la fémina, esos risos le recuerdan a su abuela, largos y enredados, de un color difícil de definir. Levanta su mano inconscientemente en dirección hacia ellos, pero reacciona y se detiene.
Cinco y treinta, es hora de marchar. Llueve y no ha traído paraguas, no le importa el agua le ayudará en su catarsis. Los autos recorren rápido la avenida y el agua sus pantalones inundan.
Llega casa. Cierra la puerta tira su bolso en el sofá, enciende el radio y escucha a un volumen estruendoso a Jetro Tull ¡grita cada línea de sus canciones! Va a su dormitorio saca una cajita de metal , la lleva al living y en la mesa de roble sureño dispone un papel. Fuma tirado en piso pensando en el ir y venir de su vida hace 10 meses, fue un errante que no tuvo que dar explicaciones a nadie, se dedicaba a vivir y con eso le bastaba. Tenía amor, amigos, tiempo, ganas. ¿Y ahora? Estaba en un lugar donde se requería responsabilidad ante todo, donde tenía que rendir cuentas de cada uno de sus pasos, donde los seres que ahí trabajaban no hablaban su misma lengua. Santiago entonces le preguntó a Rodrigo que podía hacer con esto que lo acongojaba a diario, éste mientras hacia figuras con el humo le respondió “tú decidiste alejarte de mí” mira por la ventana y dice “¿vodka?” Santiago pone le vaso y exclama “¡vaya que me conoces!”
Ambos ríen. El silencio reina en el lugar, los dos contemplan fijamente el minutero del gran reloj que cuelga en la pared. Suena el teléfono y dan un salto al unísono.
***
Siendo las seis y quince da inicio a su rutina, sabanas, pantinas, pelo enredado, ducha, gel , zapatos lustrados, bolso, carpeta, lápiz…
Se pasea de un lado a otro con un libro cubierto de diario, de sus ojos parecen salir llamas. Se acerca una de esas personas que tiene la capacidad de hablar en un idioma comprensible y le pregunta “¿qué lee?” éste se pone un tanto nervioso, cierra el libro y hace una pregunta totalmente fuera de lugar.
Cinco y treinta otra vez, ahora al paradero .El olor a tierra húmeda, no le agrada. Desea que pase esa micro de una vez por todas. Para apresurar el tiempo abre su libro y lee “… pero, por salaz que fuera, la jovencita se sentía exhausta por esta continua corriente, y por ello recibió con desmayo al segundo de los intrusos que se disponía a ocupar el puesto recién abandonado por el superior. Pero Bella quedó atónita ante...” Viene la tan esperada micro. Se sube y se dirige a esos asientos del lado de la puerta, saca de su bolso un personal stereo y pone play a su viaje. Continua con su lectura de “Memoria de una pulga”, que parece absórbelo.
Ya en casa, fuma se tira en el sofá y llama a Rodrigo, le pregunta si quiere fumar y además salir a caminar, éste se niega porque tampoco le agrada el olor a tierra mojada. Entonces se quedan en casa fumando, riendo y viendo cómo es que los frutos del aerosol se mueve y las imágenes de las caratulas salen y se sientan en la mesa para participar de la conversación.
”Qué bueno es saber que todos me aconsejan”.  Dice santiago entre risas, éstas se confunden con el humo y el movimiento de las cosas inertes.
“Vodka, vodka… ¿dónde lo habré dejado?” Rodrigo recorre impaciente la casa con el fin de tenerlo en su boca. Encuentra la botella, sirve hasta la mitad con hielo, lo bebe y está tibio, da dos sorbos cortos, luego uno largo. El vaso ya está vacío. Lo llena otra vez, en esta ocasión con más vodka, Santiago en tanto, dibuja una línea blanca en la mesa que la ajusta con su tarjeta del banco mientras tararea “Going to California” .Rodrigo pide que le deje un poco. Santiago parece estar invadido por la música, a tal punto que no es capaz de escucharlo, Rodrigo le pasa el vaso a la mitad y deja caer en la mesa el boleto blanco hacia el viaje más inesperado. Así como jugando, como esculpiendo la obra más preciada, lo hace línea, larga, delgada y blanca.
***
“¿Cómo es posible que no te preocupes por eso?” ¡Cállate!” “¡Maricón!” “¡pendejo!” “Hijo de puta“ “¡Cobarde, por qué te crees que estas acá? porque eres un don nadie!”
Ninguno sabía por qué la discusión había llagado tan lejos, pero ambos tenían claro que esto se había salido de todo orden. Los insultos tras cada segundo eran mayores. Santiago ya no podía más, Rodrigo estaba sacando todos los fantasmas que creía haber guardado en el armario, ponía sobre el tapete toda situación engorrosa que solo le desfavorecía.
Toma dirección hacia la cocina agarra el cuchillo del lavaplatos, firme y va decidido a dañar a Rodrigo , debe hacer algo para que se calle. Le toma el brazo lo mira a los ojos y le dice “¡basta!”, entonces saca el cuchillo y comienza a cortar la extremidad del que algún día fue su amigo. Mientras lo cortaba se lamentó de todos los secretos que compartió con él, de todas las aventuras que vivieron, los viajes, las borracheras, las idas a otro mundo, en fin no quiso haberlo conocido nunca. Sigue cortando con los ojos cerrados. Llora, se siente deshecho.
Abre sus ojos mira al piso, el charco de sangre comienza a crecer. Está muy confundido. Mira otra vez, nota que Rodrigo se ha ido, observa el cuchillo y nota que éste está en su muñeca, la sangre sale de su brazo y baja hasta el piso, aumentando el charco. La sangre corre por sus pies. Se dejar caer a la alfombra, se acomoda en posición fetal y llora. Ya no sabe si es Santiago o Rodrigo, si se corto o lo imagina, si tiene un trabajo o no, si Morfeo le juega una mala pasada.
Lo único que desea es dejar de hacerse daño

jueves, 21 de mayo de 2009

N.N

grité,

salté ,

llamé,

lloré,

















y aún sigo con esta tierra encima...

viernes, 15 de mayo de 2009

JUNTAS LITERARIAS






Aquella vez en que leyó su vida en el círculo literario nadie creyó que se atrevería. Pero lo hizo y de la mejor manera posible. Tomó su cuaderno lo agarro fuerte y firme con sus grandes manos blancas, lo llevó la pecho y atravesó la sala con una prestancia que nadie creería que fuese ella. Con sus ojos almendrados fijos en aquel preciado papel inicia diciendo: “¡hola!” .Ya su rostro se ha vuelto color rosa, pese a eso las expresiones en él parecieran estar dormidas. Con sus largas piernas realiza un balanceo para focalizar los nervios, los cuales pretende controlar. Se equivoca, y sonríe. Desea que el público le perdone aquel error que le puede costar la pertenencia al grupo. Finaliza su participación. Comienzan los aplausos y los murmullos. Los tres segundos que demora en llegar a su puesto se le hacen eternos. La mirada de sus pares parecía devórala. Tenía mil y una teoría respecto a lo que escuchaba, la descomponía, no saber que podía decir de ella. Llega s su puesto tropieza con la silla. Cree que ya está todo perdido. Se toma su pelo color cobre mientras lo ata y desata innumerables veces.
Ahora solo quiere que pase el tiempo.